Hacer algo
por el simple hecho de hacerlo.
Éso era
exactamente lo que había estado haciendo todos estos años.
Vacío, así
se sentía.
¿Egoísta? Por supuesto.
¿Egoísta? Por supuesto.
¿Se supone
que esto sería así? Se supone que tendría que sonreír. Suposiciones, todo el tiempo lo mismo.
Si bien, no
tenía un concepto claro de lo que es el egoísmo, pero cada uno de estos segundos,
las sonrisas, la culpa, la vergüenza de la hojas secas que me hacían temblar, eran ahora, la idea más acertada de lo que es para mí el
egoísmo.
Saber que
algo está mal y no hacer nada, absolutamente nada para enmendarlo.
¿Por qué?... Simple cobardía.
No te dejes guiar por impulsos. Las palabras que hace tanto tiempo mi madre me dedicó, era una de las
tantas cosas que daban vuelta en mi cabeza, acompañada de las voces indistintas
en mi entorno.
Pero, lo
que más me daba vuelta, lo que más presente estaba ahora mismo... Era el
impulso de salir corriendo.

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