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martes, 19 de junio de 2012

Sin un nombre aparentemente bueno.


Subió desganada al autobús, entre robotes y movimientos por inercia se sentó en una de las sillas desocupadas, autoventilandose con el pequeño libro que cargaba entre sus manos con el motivo de hacer menos tedioso su viaje al instituto.
Era el primer día, y sí el hecho de que el horario era nefasto no fuera suficiente motivo para ir desganada, se le agregaba que su nuevo instuto, de entrada, no era para nada de su agrado. Así pues, como el niño que dice "No" antes de haberlo probado,  repudiaba arbitrariamente su nuevo colegio ¡y nisiquiera había pasado un módulo dentro de ahí! No se quería imaginar como sería pasar seis semestres enteros.  

Iba tan ensimismada que no se percató de su parada, se puso enseguida de pie dando la señal al conductor para que bajara.

Entró a lo que se supone sería su salón de clases, ahí mismo, donde pasaría encerrada seis largos semestres, se adentró un poco más buscando una banca desocupada y alejada de las demás personas, siempre disfrutó ser un punto y aparte, y es que tampoco venía con planes de socializar y/o empatizar con alguien de ahí, por fin encontró el lugar apropiado y se sentó, vestía unos vaqueros de tonalidad azul fuerte, y, a diferencia de todos ahí, llevaba una camiseta no correspondiente al uniforme, "perfecto, mi primer día y ya rompí una regla" pensó para sí mientras observaba el feisímo diseño del uniforme.
Suspiró con pesadez, deseaba con todas sus fuerzas que el día acabase pronto.
Y así pasó el primer módulo, constantemente se abría la puerta principal dejando ver a, los que quisiera o no, serían mis nuevos compañeros.
La puerta se abrió una vez más, la verdad dejé de estar al pendiente de quienes entraban al aula hace rato, pero levanté un poco mi cabeza y ahí estaba... Entró una chica de compostura delgada, su cabello muy lacío y largo caía primaveralmente, como una cascada que revienta con las rocas o una ola de agua que muere en la orilla del mar, su rostro, serio, sus ojos naturalmente adormilados, y su labio inferior ligeramente más resaltante que el superior daban un aire infantil, como de puchero, pero a la vez sensual.
Se sentó delante mío, dejandome así expuesta su espalda.
Inició la clase al fin, y en el transcurso le pedí su bolígrafo rojo, era el pretexto perfecto para decirle "Muchas gracias" y que ella me devolviera un casual e indiferente "De nada" acercando su mano para hacer posesión de su bolígrafo nuevamente.


Pasados los días, puse especial atención en la toma de asistencia, era el momento perfecto para saber el nombre de la chica, la chica del cabello lacío y el labio inferior curveado, me fijé en quiénes levantaban su mano a la mención de un nombre, y entonces un nombre femenino seguido de un "Presente" me dió por hecha mi victoria, ¡con que ese es su nombre! y era hermoso, al igual que élla, calzaba perfecto; femenino y dulce.

Llegué tarde, pues mis ganas de ir a la escuela eran casi inexistentes de no ser porque ya estaba vestida y bañada, inventé un dolor de cabeza como excusa para salir de salón y pasé a la oficina de enseguida para esperar el segundo módulo, ahí, ya sentada y de espaldas a la puerta escuché el ruido que hace al abrirse y era nada más y nada menos que esa chica, había llegado tarde y deducí que esperaría el segundo módulo, se sentó enseguida de mí, acomodandose el cabello y rechistando de las altas temperaturas que había en la ciudad en ésas fechas, ¡Qué va! Estábamos a mediados de Agosto y parecía un horno gigantesco, y por lo que veía por el rabillo del ojo  a ella tampoco le sentaba muy bien el molesto clima.
Ya refrescada, me dirijió la palabra, no tenía ni la menor idea de como iniciar un tema de conversación con élla sí no había pasado a más de pedirle su bolígrafo y la regla, que, a decir verdad ése día llevé mi propio boli y regla para no molestarla a cada cambio de página que hacía en los dictados del profesor.

Salí un poco decepcionada de nuestra efímera y poco productiva plática, élla comenzó el tema de vestidos para quinceaños, cosa que a mí me valió un reverendo comino incluso el día de mi celebración, pero que más daba, ya estábamos charlando y no podía desperdiciar dicha oportunidad para conocerla mejor.

Riesgos

No sé que me da escribir en papel, pero a veces vengo aquí y hago lo mejor posible por encontrar alivio en las palabras. Cómo saber que cami...