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jueves, 27 de octubre de 2011

Encuéntros.

Hace no pasados de los tres años, tube un encuentro muy paradójico, no recuerdo los detalles, pero hasta donde me acuerdo yo tenía a lo mucho 13 años ó 14 recién cumplidos  (Que extraño, de los 14 para acá, hablo como si fueran años muy remotos)  mi hermano llegó a casa informándole a mi madre que aprendería a tocar guitarra junto con un amigo en el coro de la Iglesia, ésa era la forma más accesible que cualquiera tiene para aprender unos cuantos acordes y círculos, y bien, mi hermano no era la excepción y lo intentó, recuerdo que nuestro padrastro trajo a casa una guitarra de las que tenía en su antiguo domicilio, sí bien, no era la guitarra más lujosa del mundo, incluso noté que le faltaba una cuerda, pero ante los ojos de mi hermano -Y míos- todas las guitarras eran absolutamente iguales y todas daban el mismo sonido.
Mi hermano emocionado asistió a la primera clase, llegó a la casa con unas hojas de acordes y me mostró lo que aprendió, no era mucho, eran unos tonos mal acomodados y sonaban más o menos bien, pero bastaba con saber un poco para impresionar a alguien que no sabe nada.
Al cabo de unas semanas lo dejó, mi hermano tiene la costumbre de dejar truncadas sus actividades, más tarde fué a cursos de computación y después fútbol, pero también los dejó. Bien, continuando con lo de la música, mi hermano desertó ante ésa opción y la pobre guitarra quedó en un rincón de la casa, sola y enpolvada, una tarde la tomé a hurtadillas sin que se dieran cuenta, incluso cuando vagos recuerdos de ése momento se agolpan a mi mente me causa gracia, como un ladrón en su mayor 'golpe' corrí hacía mi cuarto y me encerré, puse las arrugadas hojas de mi hermano sobre la cama e intenté tocarlas, y digo intenté por que no entendía para nada lo que ésas hojas explicaban, pero ENSERIO yo quería aprender, ya no significaba para mí jugar a la estrella de rock a escondidas, de verdad anhelaba tocar ésa guitarra enserio, busqué después, unos acordes por internet y los apunté en una libreta, aún recuerdo que extraje los acordes de Taringa.net, estaban bien explícados, un mástil dibujado y líneas que simulaban las cuerdas hacían más entendibles los pasos que debía dar.

Mi mamá se dió cuenta de todos mis malabares, yo me enteré, por parte de mis amigos de una academia de Música en el centro de la ciudad, pensé que tal vez era lo que necesitaba, dejé mi cómoda cama y mis anticuadas hojas y le insistí unos días a mi mamá hasta que élla cedió.
Cuando entré, visualicé un lindo espacio, unos teclados acomodados en la esquina, muchas guitarras acústicas en un soporte cada una, sillas, un bajo en el fondo, y un cuarto cerrado del que salía el sonido de una batería, pero algo, algo en particular llamó mucho mi atención, en una pared estaban acomodadas cuatro guitarras eléctricas,  una azul perla, una totalmente negra, y las otras dos negras con detalles en blanco, entonces pensé 'Definitivamente debo tener una'.

Mi encuentro con la música fué algo que me cambió, es algo que me ha hecho crecer a nivel personal, es sorprendente lo arraigado que se ha vuelto mi instrumento, me ha hecho saber que no se nace sabiendo, que debémos buscar alternativas para trascender, saber que hay mucha gente mejor que tú, sí, me ofusqué un par de veces, pero siempre, el hecho de saberme menos experimentada que otros me ha hecho esforzarme aún más en las cosas que me gustan.

Muchas de las cosas que me gustan de mí persona, es esto, es mi cualidad, y me gusta.


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